OC - 21/7/2009
Da la sensación de que el encierro dance se está comiendo al encierro que conocíamos hasta inicios de la década de los 90. Una fiesta que concentra a casi 20.000 personas en poco espacio y en pocas horas, gran parte con la única intención de vivir un fiestón, con música en la calle y todo tipo de estimulantes, en un lugar que ni tan siquiera recordarán al día siguiente.
En una fiesta como el encierro de Blanca (sólo ese día, sólo unas horas) las familias huyen del casco urbano a más tardar cuando pasan los toros, los más jóvenes están controlados por los padres y los que huyen del agua, el barro y algún posible encontronazo, buscan rápidamente el refugio del río, del parque (?) o de alguna casa de campo, quien tiene la suerte. (ver lista de sugerencias)
El encierro dance ocupa casi todas las zonas de ocio, con determinada gente que sólo llega con la intención de culminar el fiestón. No hay alternativa ni para familias ni para jóvenes que no quieran sentirse amenazados por el agua o verse en medio de un barullo que a toda costa se intenta evitar. Son ya habituales los heridos por agresiones -incluso por arma blanca-, peleas entre grupos de adolescentes puestos hasta las cejas y que logran montar su chiringuito dance en plena calle, con la excusa del encierro, y expulsando de esos espacios a familias, adolescentes menudos y jóvenes nada problemáticos. La inmensa mayoría de los conflictivos, además, no son del municipio y la policía local sabe que ese día se la juega.
¿Cómo se ha llegado a esta situación? En primer lugar por la venta de estereotipos abstractos sin ningún tipo de concreción. Vean los vídeos del encierro emitidos por las televisiones locales de la Región de finales de la década de los 80 y principios de los 90. Ahí está el cambio, justo cuando comenzó la moda de Blanca como destino del turista rural, la panacea jamás concretada porque eso cuesta mucho de planificar y pensar. Ahí se hizo célebre la frase: “Este año ha venido al encierro más/menos gente que el año pasado”, muy similar a aquella otra que dice: “Los toros, este año, son más grandes/pequeños que el año pasado”. Al respecto, en los vídeos mencionados podrán observar la obsesión del alcalde de entonces por insistir en conseguir, cada vez, más visitantes para el día del encierro. Daba igual el perfil y para qué venían, incluso la duración de la estancia. Bastaba con esas cuatro o seis horas de encierro dance para corroborar que había venido más gente que nunca. Ahora espero que pese más la educación y las palabras se limiten a invitar, pero no a insistir.
El día del encierro, cada vez más, es punto de encuentro de parte de un colectivo cuyo espacio natural son los párking de las discotecas de viernes a domingo. Su fiesta (de alcohol, drogas y desfase) es peculiar porque suman el último concepto, al que luego se añade, rara vez, la violencia. Ese grupo ha crecido ya demasiado y, lógicamente, hasta a los aficionados a los toros, casi les gusta más la romería que el encierro. El problema no es de la masificación, de los bares, de las barras en la calle o del goteo. Está en preguntarnos por qué el encierro se ha convertido en un lugar idílico para este tipo de gente y por qué no acuden a otra fiesta popular similar a convertirla también en dance. Qué encuentran en Blanca ese día que tanto les atrae. Quizá, sea la permisividad en el consumo de todo tipo de estupefacientes en la vía pública sin cortapisa, sin que nadie haga nada. Tampoco estaría mal estriar, al menos visualmente, a los grupos de elementos.
Mientras tanto, el encierro como espectáculo taurino en sí sigue ahí. Ya no hay tanta suciedad por la calle (maldita la hora, pensarán ahora algunos), el vallado se ha mejorado aunque todavía no se fija al suelo y no estaría mal emplear, al menos, cadenas y candados como en lugares donde se instalan vallas similares. El corral y la salida de los toros sigue siendo deficiente, pero a la organización le gusta que el encierro dure bastante, con toros sueltos, aunque jamás lo reconocerían en los cinco minutos previos y dejan ese comentario para palabras a toro pasado, entre risas nerviosas. Siguen sin verse los profesionales taurinos preceptivos en el recorrido, tal y como exige la legislación. En definitiva, el encierro como espectáculo taurino ha caminado hacia adelante levemente y podemos añadir más argumentos. Es habitual, cosa inexplicable hace tan sólo una década, que los toros se corran delante y no detrás. También se ha variado el acceso a la plaza de toros, que era una cuestión elemental.
En definitiva, hay que gastar algo más de dinero en determinadas cuestiones de seguridad. Merece la pena. Frente a ese pequeño avance en lo taurino, el encierro dance está afeando en gran medida la fiesta popular. Ésa en la que cabe el alcohol, la familia, los amigos, la charla, los bares, el agua, las drogas -apuntará alguien-, pero sobre todo la fiesta que genera alegría y disfrute. El encierro dance, hoy por hoy, eso lo limita. A los que no les gusta el encierro de esta época, sólo les queda una cosa... Esperar a que la moda pase, porque esto ya cansa. Son muchos años así. No estaría de más un pequeño empujón: control del consumo de drogas en la calle, sin olvidar las mejoras propiamente taurinas de la fiesta. Al final, se trata de un encierro de toros.
También se puede elaborar una lista de cosas a mejorar o quejas reiterativas. Una como ejemplo:
- La suciedad y la facilidad para orinar en cualquier sitio (¿Hay suficientes WC portátiles?)
- Que siga la lista...